lunes, 12 de noviembre de 2012

Poeta por pelotas

Poeta por pelotas es el título que Juan Bay le ha puesto al tiempo en el que comparte su poesía con nosotros. Una poética que pretende serlo de la cotidianeidad. Una manera tal vez no intencionada y por ello más peligrosa de convertir en un campo minado el espacio limítrofe entre la escena y la vida. Y es que es verdad. Y si esos momentos para compartir, así titulados, hablan de esa poética que a veces acertamos a encontrar escondidos en el día a día, una vez minado ese campo, nos da rienda suelta para encontrar abundantes bancos de poesía nadando alrededor de los minutos más cotidianos que uno tenga la suerte de compartir con este señor; el poeta tímido que, como un catalizador de algo universal, concentra el significado de muchas cosas que sabe mayores que él, pero que desconoce, y cuya poética tiene un motor, más que en el querer desvelarlas, en cómo hacerlo. Conocer esos misterios o por el contrario parar y dejar que se posen sobre lo aparentemente más superfluo, para verlos alejarse volando desde que le prestamos interés.



La actuación de Juan Bay ha sido otro de los regalos que nos ha traído el leal.lav. Sería muy largo enumerar la cantidad de cosas que me llevo de haber visto su trabajo (y haberlo escuchado y sentido) y la otra cantidad de cosas que me hizo imaginar. Así que por citaré brevemente dos cosas que atesoro, sobre todo porque fueron tan puntuales.

La segunda, su relato fascinado de un ejercicio de texto hecho por unos actores. El relato, más que el ejercicio, me iluminó un poco. Hablar de gente que hablaba con ese interés, mientras yo pensaba en un teatro narrativo, donde a veces se hace y otras se cuenta la acción, siendo el contar una acción en sí misma.

La primera, el que Poeta por pelotas me haya hecho volver a pensar sobre la relación original entre texto y cuerpo. He escuchado a tantos escritores hablando sobre la necesidad de una nueva poética que aúne imagen y palabra (una solicitud, por otro lado, que viene muy, muy de atrás) como veces he pensado que muchos actores necesitan otra corporalidad (y con ello nueva presencia e intenciones, nuevas verdades, nuevas herramientas) para sostener la palabra. Y concebir la palabra como acción. Y no estar en la palabra, sino serla. No decir un discurso, sino serlo. Ser un cuerpo liberado de significaciones que entonces sí pueda significar.

Juan Bay

Sea como sea, imagen y palabra probablemente estén más cercanas de lo que seamos capaces de entender, y puede también que seamos nosotros, pensándolas, quienes les hagamos de obstáculos. Por eso es preciso estar atentos, empeñarse y observar por pelotas a esos extraños insectos cuando se les ocurre posarse ante nosotros, en el más anodino de los momentos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario