martes, 27 de noviembre de 2012

El tiempo avanza en espiral / Notas.


El tiempo avanza en espiral, y el futuro está contenido en cada interpretación del pasado desde el presente. El sábado 17 de noviembre el espacio donde desarrollamos íntimamente nuestras sesiones se transformaba para dar paso a personas ajenas al grupo, la mayoría curiosas por ver parte de lo que sea que hubieramos estado haciendo tanto tiempo ahí metidos. Sin embargo, “no habíamos preparado nada”, y esa incertidumbre parecía notarse en el ambiente general. Los participantes en el laboratorio se relacionan en torno a la Cía Teatrejo, pero han encontrado con esta experiencia, para bien y para mal, otro entorno en el que concebir esas relaciones y quizás rediseñarlas. En todo esto hay una doble paradoja: por un lado, algo en mi interior que me dice (me ha dicho siempre) que este tipo y forma de trabajo los aprendí esencialmente aquí, en el entorno de Teatrejo, que se fueron conmigo y que todo lo que ha llegado después ha venido a desarrollar ese primer conocimiento, bien reforzándolo, bien dinamitándolo, generando nuevos vacíos para su crecimiento, igual que se poda una planta para que rebrote. Y al margen de las palabras está la primera entrada al espacio (algo por lo que ya merece la pena abrir una clase). Ver cómo cada ejercicio en concreto se esfuma, se arruga o queda en segundo plano. Cómo comienza a funcionar como excusa. Sobre él destacan de alguna nueva manera otra presencia y energía.

Antes de.

No se si la idea de santidad (entendida del modo más aséptico que puedo imaginar) tiene que ver con ser uno y varios a la vez. Pero esa presencia y energía son singulares y plurales. Cada cuerpo, cada conciencia, cada uno, con una versión irrepetible de ambas, tomadas de una presencia y energía global, o al revés, creando la globalidad a partir de cada uno.

He ahí una de las preguntas que abre este trabajo y que se nos cae por los bordes del escenario. ¿Hasta dónde el grupo conforma la individualidad? ¿Qué es anterior? O ¿qué pequeños cambios individuales reconfiguran el conjunto hasta el punto de transformarlo por completo y ser éste quien revierte su influencia en cada exploración? Digamos que tenemos materia para discutir largamente. Y aunque muchas preguntas son las que teníamos antes de empezar este laboratorio, en el que entramos para otra cosa, para el teatro, (pero, ¿es el teatro otra cosa?) ahora tenemos una nueva experiencia, transitada dentro y fuera del aula, escrita en el cuerpo.


Por concretar dificultades, a las propias del trabajo se suma muy oportunamente el hecho de que la mayoría de personas participantes en el laboratorio son elementos de otros conjuntos, dentro del colectivo de colectivos que es Teatrejo. Desembarazarse de roles preestablecidos fue uno de los cometidos de este trabajo, a veces muy placentero, otras, no tanto. Actuar desde ahí, desde algo que podríamos llamar inflorme y, por tanto, maleable, del propio cuerpo y de la relación con el otro. Por supuesto, el caso de Manolo es el ejemplo más evidente de disfrute, al despojarse de otro Manolo. El profesor, director y eterno obrero de una Torre de Babel donde no siempre se habla el mismo idioma, pero en la que hay que entederse.

Hace falta mucha predisposición y mucha honestidad. A veces, incluso, valor. Porque lo único que no es verdadero en ese reenfrentamiento es el re. En ese volver a, descubrimos justo el abismo de la inexistencia de un volver, su imposibilidad. Siempre, siempre una primera vez. Lo único seguro es la deriva. Y aquí, entre cuatro paredes, la inestimable predisposición a asumir esta circunstancia.


Como moléculas, como células que funcionan formando un tejido que tal vez desconocen, desde fuera parece necesario mirar primero el todo, ese tejido, para explorar más adentro, separar sus unidades y, perdida, olviada o trascendida la forma inicial, juntarlas las nuevas unidades, ya purgadas, en un ambiente propicio. Dejarlas hacer(se) y ver qué nuevos tejidos se pueden formar con los mismos hilos, que, disgregados y vueltos a poner en su sitio, han dejado necesariamente de ser los que eran. Un trabajo sutil pero duro, duro pero sutil, que me confirma alegremente dos de las intuiciones que fueran motores de este proyecto: la aplicabilidad de este laboratorio como proceso para encontrar material real sobre el que trabajar (puliendo y seleccionando) para conseguir piezas escénicas originales, basadas o no en obras previas. Asimismo, su utilidad fuera del ámbito artístico (que no creativo) para cuestionar constructivamente, en combinación con los ámbitos de la psicología y la sociología, grupos de trabajo, colectivos sociales y/o étnico-culturales y, por defecto, cualquier tipo de asociacionismo.

Este segundo gran abanico de posibilidades, aún en las antípodas de nuestras exploraciones, pero apuntado desde su inicio, resulta ser algo que tampoco aprendí muy lejos de donde he venido a realizar este laboratorio. En efecto, me sería del todo imposible haber llegado a estas ideas sin unos cimientos bien labrados en todo lo vivido desde adolescente, hace ya tanto, en los alrededores de toda la movida de Juventud en Los Realejos, sobre todo considerando que junto a otros mil valores y experiencias, ahí uno conoce en toda su amplitud y su crudeza, el significado de algo llamado “autogestión”, algo que puede que sea más revolucionario aún en los tiempos que corren que entonces. Pero el tiempo avanza en espiral, y el pasado está contenido en cada proyección al futuro desde el presente.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Tentaciones

Nada nuevo que decir: decirlo todo.
Mejor seguir al silencio.
Todo sobre este proceso,
que ocurre en escena y alrededores
y lo demás en la vida.
Concebirla
como el alrededor de esa escena.
Ni más, ni menos.
Alrededor de esa escena.
La vida que ocurre en escena
se distingue únicamente del resto de la vida
en que es mirada por los otros de otra forma.
Y las tentaciones,
con tanto por decir,
tanto en el tintero sin transformar para aparecer aquí,
de convertir este blog en algo absolutamente personal
donde solamente decirme.
Diques que rebasar
o contra los que chocar
y contenerme.

martes, 13 de noviembre de 2012

Muestra de trabajo / Clase abierta

El próximo sábado 17 a las 20 horas abrimos el aula de Danza de la Casa de la Cultura de los Realejos, el lugar en el que hemos compartido en sesiones intensivas a lo largo de dos meses el laboratorio de experimentación actoral Contar con el Otro.

En él hemos investigado mucho las posibilidades de nuestro cuerpo como herramienta expresiva, sobre todo entrando en lugares que no nos son comunes y que nos llevan a sitios sorprendentes, no siempre agradables, muchas veces nuevos.

Desde ese cuerpo sorprendido hemos encontrado otros cuerpos sorprendidos y hemos intentado comunicarnos desde la novedad con la novedad del compañero que creíamos conocer.
                                          
Tras esta primera etapa de trabajo físico y escucha, hemos analizado qué pasa en el cuerpo cuando llega la palabra, y qué pasa si la palabra se intenta ver de una forma extrañada y nueva, como ocurriera con el cuerpo.

Finalmente hemos intentado entrar en los berenjenales de la drematurgia en escena para darnos cuenta de que, liberados de ciertas cosas, nos resulta difícil disociar el trabajo de actor del de creador.

De alguna manera hemos empezado trabajando en conjunto, distanciándonos unos de otros, encontrando cada uno su individualidad para volver a reunirnos llegando cada uno desde un lugar íntimo y genuino que sólo a él le pertenece.

Ha sido un trabajo intenso que nos gustaría compartir con todo el que quiera asistir a esta muestra, mediante distintos ejercicios, unos que serán cosa del momento, otros más elaborados, proyectos individuales de microcreaciones que serán puestos en pie como bocetos o simplemente explicadas como proyectos ideales.

Compartir esta velada será la manera de poner fin a nuestro viaje. Como no podría ser menos, contamos con el público.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Poeta por pelotas

Poeta por pelotas es el título que Juan Bay le ha puesto al tiempo en el que comparte su poesía con nosotros. Una poética que pretende serlo de la cotidianeidad. Una manera tal vez no intencionada y por ello más peligrosa de convertir en un campo minado el espacio limítrofe entre la escena y la vida. Y es que es verdad. Y si esos momentos para compartir, así titulados, hablan de esa poética que a veces acertamos a encontrar escondidos en el día a día, una vez minado ese campo, nos da rienda suelta para encontrar abundantes bancos de poesía nadando alrededor de los minutos más cotidianos que uno tenga la suerte de compartir con este señor; el poeta tímido que, como un catalizador de algo universal, concentra el significado de muchas cosas que sabe mayores que él, pero que desconoce, y cuya poética tiene un motor, más que en el querer desvelarlas, en cómo hacerlo. Conocer esos misterios o por el contrario parar y dejar que se posen sobre lo aparentemente más superfluo, para verlos alejarse volando desde que le prestamos interés.



La actuación de Juan Bay ha sido otro de los regalos que nos ha traído el leal.lav. Sería muy largo enumerar la cantidad de cosas que me llevo de haber visto su trabajo (y haberlo escuchado y sentido) y la otra cantidad de cosas que me hizo imaginar. Así que por citaré brevemente dos cosas que atesoro, sobre todo porque fueron tan puntuales.

La segunda, su relato fascinado de un ejercicio de texto hecho por unos actores. El relato, más que el ejercicio, me iluminó un poco. Hablar de gente que hablaba con ese interés, mientras yo pensaba en un teatro narrativo, donde a veces se hace y otras se cuenta la acción, siendo el contar una acción en sí misma.

La primera, el que Poeta por pelotas me haya hecho volver a pensar sobre la relación original entre texto y cuerpo. He escuchado a tantos escritores hablando sobre la necesidad de una nueva poética que aúne imagen y palabra (una solicitud, por otro lado, que viene muy, muy de atrás) como veces he pensado que muchos actores necesitan otra corporalidad (y con ello nueva presencia e intenciones, nuevas verdades, nuevas herramientas) para sostener la palabra. Y concebir la palabra como acción. Y no estar en la palabra, sino serla. No decir un discurso, sino serlo. Ser un cuerpo liberado de significaciones que entonces sí pueda significar.

Juan Bay

Sea como sea, imagen y palabra probablemente estén más cercanas de lo que seamos capaces de entender, y puede también que seamos nosotros, pensándolas, quienes les hagamos de obstáculos. Por eso es preciso estar atentos, empeñarse y observar por pelotas a esos extraños insectos cuando se les ocurre posarse ante nosotros, en el más anodino de los momentos.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Secretos

Aunque nadie lo supiera, esta canción (y cómo está tocada, claro, sobra decirlo) ha estado todo el tiempo detrás de lo que he intentado hacer en este trabajo nuestro, en lo que he intentado que se haga (incluso, creo, que en lo que me han hecho). Pequeños secretos que uno cuida hasta que aparece el momento de compartirlos.

Está claro que con la música se ejemplifica mucho la manera en la que buscamos estar juntos en escena. Digamos que es una buena metáfora, sobre todo tal y como está presentada aquí. Distintos cuerpos haciendo sonar un mismo instrumento, armonía y una rítmica compartida. En todo ello, la singularidad de nadie cede, de manera que el conjunto sigue siéndolo. No por falta de un individuo se  emborrona una formación ni su andar.

El miedo a esa supuesta pérdida de independencia al pertenecer a algo a lo que llamar nosotros es sólo un temor propio, una falla en el autorreconocimiento. Si nadie espera por nadie significa que todos vamos, y al revés.



Es curioso: para hacer algo así, en este caso, con una guitarra, hace falta mucho estudio, mucha paciencia y mucho ensayo. Sin embargo, por más que se repita, los cuatro minutos que dura la canción son únicos. En ellos es preciso estar presente, conectado a uno mismo y a su entorno. Atento y disponible, más que concentrado. Y ahí está la magia del teatro.

¿Cómo podemos hacer que todo lo que hemos arriesgado, probado y experimentado pueda trascender la improvisación y empezar a solidificarse, siendo moldeable siempre por las circunstancias, pero, de algún modo, fiel a una esencia?

Hay una música dentro del teatro. Estoy convencido. Sólo hay que despojarse de un algo que no nos viene bien para la vida en general y permitirse escucharla. Con el tiempo los secretos deterioran las relaciones interpresonales, como obstáculos a la comunicación. Pero bien andados los pasos del conjunto al que se pertenece, esos secretos se rompen y con el tiempo florecen y se comparten. Todo es un aprendizaje.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Recta final / Tanto por compartir

Llegamos a la recta final de una experiencia que ha traído la posibilidad de husmear por rincones a los que no se había accedido hacía mucho, tal vez nunca, que, aunque dilatada, se ha hecho corta. Corta, porque sólo ahora uno comprende que husmear en esas estancias poco transitadas es algo así como un autoanálisis. Investigación de cada uno sobre sí mismo que simplemente genera lo común (una de las cosas comunes):  eso que nos identifica y nos hace pertenecer: el compartir una misma duda o mejor, una misma forma de dudar.

En "Contar con el Otro" hemos empezado trabajando el cuerpo y desde ahí hemos ido dejando que el lenguaje irrumpa en el movimiento. No la palabra, el lenguaje. El que por sí solo permanece agazapado en la musculatura y en las ideas. Tratar de aquietar ese lenguaje, buscar un minimo espacio anterior a él, mantenerse ahí, aunque sea durante segundos, antes de que se incorpore. Qué difícil.

Visto lo visto tras sesiones de trabajo duro, sólo ahora entendemos que hemos empezado trabajando como grupo para deshacernos de la idea preconcebida de grupo. Hemos ido encontrando cada individualidad sin dejar de tener en común con los demás que ellos también la estaban buscando. Nos hemos disgregado. Hemos explorado en nuestros problemas y capacidades a través de ejercicios cada vez más individuales. Y luego, desde ahí, hemos vuelto a converger. Nos hemos encontrado de nuevo. Hemos formado otro grupo. Sí, es el mismo que teníamos al principio, pero para este reencuentro, cada uno de nosotros ha soltado una mochila cargada de piedras que aquietaba su movilidad o la encorsetaba, al igual que sus ideas. Y el espacio libre de esa carga ha sido rellenado por nuevos contenidos. Imágenes, textos, objetos, sensaciones y momentos compartidos de manera individual.

 
Puede que esta entrada aporte poco al blog. Simplemente es un pequeño balance y una despedida prematura. Es paradógico, pero a punto de acabarse parece que es cuando hay que empezar el verdadero trabajo. Todos los hallazgos confirman que lo que abre este experimento es un camino a seguir recorriendo. La posibilidad de afinar, de temperar un conjunto de individuos que, sin perder su singularidad, generan una comunidad efímera desde donde poder crear otro algo perteneciente a todos.

Nunca creí que al empezar este viaje fuera a escribir este último párrafo con tanta convicción y con menos orgullo que sorpresa. Digamos que nada de lo encontrado me pertenece. Más bien es el que participa quien pertenece a lo creado. Eso es grande, e implica un gran compromiso seguir desarrollándolo. Nos queda una sesión antes de compartir nuestra experiencia. En ella veremos algunas partes del trabajo, desde las más elementales a alguna aproximación a pequeños resultados encontrados a lo largo del tiempo. Yo quisiera que no se acabara nunca. Pero de alguna manera ese deseo es una condena: una vez que se encuentra algún atisbo de verdad, ya no se puede hacer nada sin que se esté continuando lo que se ha encontrado. Seguiremos buscando...