martes, 29 de mayo de 2012

Entre texto y cuerpo

Michael Chekhov
Una de tantas cosas que me llevo de mi paso por la EAC es haber descubierto a Michael Chekhov. Manolo ya me había hablado de él cuando descubrió "Sobre la técnica de la actuación." Un libro que escribió cuando lo de vivir en Estados Unidos ya se le había vuelto normal, después de trabajar con los grandísimos en el Teatro de Arte de Moscú, en Inglaterra y finalmente en Nueva York.

Que este crack saltara el charco es sólo otro de los ejemplos del florecimiento cultural en NY por tanto artista (e ideas) exiliadas. Total, que el Actors Studio, de donde han salido tantos y tantos actores buenísimos (y otro montón de gente que necesitaba a gritos un psiquiatra) tiene muchísima influencia de la versión que de la técnica del señor Stanivslasky hiciera su mítico mejor alumno.

"Sobre la técnica de la actuación" es un libro"de mesa de noche", una pequeña biblia, un libro interminable porque volver a él cada cierto tiempo es sanador, incluso para contradecirlo. Pero lo mejor de la EAC fue descubrir lo que ponía en ese libro con el cuerpo, no con el entendimiento, porque hay otra parte del entendimiento que tampoco entendemos y que no está en la cabeza, sino en el cuerpo. Aplicar las cosas que nos dice este señor es algo muy recomendable, incluso para la salud, incluso, no obedeciendo un método, sino utilizando sus formas para encontrar otras, que brillan más no porque sean más nuevas o mejores, sino porque son encontradas.

Y como para entrar en "Contar con el Otro" vamos a aventurarnos justo por en medio de un conflicto, sin entrar en él, sorteándolo, aquí van unos fragmentitos que leí esta semana y que no quiero dejar de poner. Ese conflicto es algo que me ha hecho perder el sueño muchas noches. Pero tengo la sensación de que ahora todo ese insomnio va a dar sus frutos. Y "Contar con el Otro" será una manera de recogerlos, seguro que sí.

Me refiero al conflicto típico de los actores, y a ese conflicto enfrentado a la hora de crear en escena, ya como actores, como directores o como dramaturgos. El conflicto entre texto y cuerpo, entre la palabra escrita y cuerpo+movimiento (espacio y tiempo), entre literatura y escritura física en escena, entre todo lo que es y puede ser escritura.

Pero lo dejo ya y pongo las frasecitas de este señor. En dos semanas estaremos haciendo, no escribiendo y leyendo este blog, sino escribiendo y leyendo acciones, sucesos, cosas que pasan.

Dice Chékhov:

"El actor debe admitir que no tiene libre acceso a su propio talento a menos que utilice una técnica especial para ello. (...) La obra escrita proporciona al actor las primeras ideas sobre el tipo de gestos psicológicos que va a necesitar, incluidas sus cualidades. (...) Los gestos psicológicos absorben la música, el ritmo y la belleza, el fuego y la intensidad de los pensamientos y las ideas del subconsciente del actor en sus formas más puras y cristalinas", pero esa técnica "debe convertirse en una especie de instinto. (...) El actor pide a su imagen que actúe ante su mente y le muestre todas las posibles variaciones y matices. (...) Ese valioso material quedará almacenado en el subconsciente del actor y, una vez olvidado, aparecerá por sí mismo cuando sea necesario, de un modo transformado, indivicualizado. Enriquecerá y avivará la inventiva del actor y con toda seguridad le quitará sus clichés. Le enseñará a ver lo que otros no ven".

¡Toma ya!

martes, 22 de mayo de 2012

Tenía que llegar

El que me conozca sólo un poquito sabría que tarde o temprano llegaría una entrada como esta. No se trata de admiración, así que no me voy a volcar en elogios de fan ni esas bobadas. Esta entrevista está bien, aunque me gustaría que hablara más de teatro. Supongo que la pongo por otras cosas como: 

Mi cuerpo no sufre ninguna venganza, es sólo un material. Somos nuestro cadáver.

La provocación funciona como un medio para conocer mejor el mundo.

   

Por cosas como esa, poquito a poco le voy cogiendo gusto a la etiqueta de lo postdramático, bien entendidita, claro. Porque entre muchas otras cosas, esas dos son pilares fundamentales para entender esa etiqueta, que no es, ni mucho menos, un estilo. Y la tercera, lo personal, lo estrictamente personal. Volveremos sobre este tema en breve, pero tarde o temprano tenía que llegar Angélica, aunque fuese como referente. Y es que aunque no haya motivos concretos, la obsesión funciona, y lo es porque es actividad siempre.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Krapp's last tape y nuestro curro

De Samuel Beckett se ha dicho de todo. Entre muchas otras cosas, que en sus obras evolucionan hacia el minimalismo o el vacío. Aunque están presente en todas, es probable que en cada una sea más evidente que en la anterior.

En Krapp's Last Tape, cuyo vídeo de la obra íntegra está enlazado justo antes, filmado por la BBC e interpretado por un enorme Harold Pinter (menuda confluencia de genialidad) Beckett hace una pieza que es casi una acotación.

Samuel Beckett
Necesitamos hitos, necesitamos reducir para identirficar rápidamente lo que queremos decir... necesitamos un titular. Esperando a Godot es esa en la que dos esperan a uno que no llega, y "no pasa nada". Esta otra es la de la acotación. Sólo algunas frases dichas por el protagonista, que escucha una vieja cinta con su voz, treinta años atrás.

Una reflexión sobre el tiempo y el lenguaje que lejos de quedarse en algo sesudo e intelectual, emociona y perturba, sólo que de esa manera, fría, seca, cruda. Opinen ustedes mismos.

Pero ¿por qué estas reseñas a autores en este blog?

Aparte de por gusto personal, porque nuestro curro se relaciona con muchas cosas, también esta pieza. Beckett dicta con ella un manual de instrucciones milimetrado. Su obra es una coreografía, una partitura a seguir con exactitud y limpieza por el actor.

De este modo, el actor pasa a ser un ejecutante de acciones (pero, ¿qué otra cosa significa actor, sino el que actúa, el que acciona?) El actor hace acciones. Y la palabra de Becket es acción cifrada. Encender / apagar el magnetófono, beber, moverse, mantenerse en silencio... son acciones igual de importantes que emitir el poco texto que se ha escrito para ser dicho en voz alta. Ni más, ni menos.

Esa ruptura de jerarquías (que hace que hablar sea acción y nada más, lejos de afectaciones) y ese actor como ejecutante de acciones acercan claramente el teatro de Beckett (desde lo conceptual y desde su práctica sobre el escenario) a la performance. Porque de la performance, en toda su variedad, y le pese a quien le pese, hay una parte que viene exclusivamente del teatro. Y en esa performance, entre otras cosas, nos adentraremos en Contar con el Otro. Ya queda menos.


viernes, 11 de mayo de 2012

Harold (arte, verdad y política) Pinter

Cuando a Pinter le fue concedido el Nobel estaba ya muy afectado por el cáncer de estómago que acabó con su vida. Arte, verdad y política es el titulo de su discurso como galardonado, grabado en vídeo previendo su convalecencia en el hospital.

Hay autores que se revelan contra las instituciones. En sí, la idea de premio es un poco una perversión en sí misma y pide que la revisemos urgentemente. Al margen de ese tema, creo que Pinter hizo mucho más hablando delante de la cámara que haciendo el vacío a los del Nobel. El silencio es muy significativo. Pero el de Pinter queda en su obra. Aquí, cada frase es como un puñetazo. Eres grande, Harold.

Arte, verdad y política.
Sobre la literatura y sobre nuestro papel en el mundo.



Estas ideas necesitan ser dichas y necesitan además que sean dichas desde la raíz y el tuétano. Sería muy bonito que mucha gente escuchara esto muchas veces.

Harold (sobre Beckett) Pinter

Y le dijo el discípulo al su maestro:
 - ¿qué podré encontrar mejor que un maestro?
Y el maestro le respondió:
- ¿Algo mejor que un maestro? Un maestro hablando sobre un maestro.
Y después de esta chorrada, un vídeo muy bonito. Qué grande ver a alguien que consideras un referente hablando con sencillez y admiración de sus referentes.
Referentes, referentes, referentes... nos quedamos sin ellos a pasos agigantados... ay!
Que lo disfruten...

jueves, 10 de mayo de 2012

Harold ( ) Pinter

Cuando hablamos, no sabemos dónde vamos a llegar. Tenemos la idea, eso sí, de lo que queremos decir, pero se nos ovida eso, que nunca sabemos dónde vamos a llegar. Lo olvidamos cada vez, nos lanzamos a la piscina siempre, creyendo que lo que vamos a decir es esa idea, y nos encontramos con que el lenguaje es un laberinto que nos lleva a lugares inesperados desde dentro del propio discurso. Por eso cada vez es la primera.
Harold Pinter (1930 - 2008) era un tío muy listo y lo sabía bien. Pero lo que lo hace excepcional es que era capaz de reproducirlo por escrito.

Harold Pinter

No voy a ponerme a escribir aquí sobre Pinter. Mejor leer un artículo de alguien que sepa hablar sobre él. Sólo lo nombro a este referente porque me encanta hacerlo y porque sirve de adelanto a lo que intentaremos trabajar en el laboratorio. Pinter es uno de tantos autores con los que me gustaría jugar. Se ha salvado de la criba de una larga lista por esto que decimos del lenguaje. A través de sus textos encontraremos otro camino más para separarnos de lo que creermos ser y entrar en contacto con lo que el otro no sabe que es.

El título de esta entrada no es caprichoso. En el teatro muchas veces acotamos entre paréntesis. A la acotación la consideramos un texto secundario, pero, ¿qué pasa si le damos relevancia a esas palabras entre paréntesis, al margen de lo que los personajes dicen, y tratamos de ponerlas en relieve al llevaras a escena? Al principio esta entrada iba a llamarse "acotaciones", pero tratándose de Pinter, mejor dejarlo así. Es increíble lo que este hombre hace con los silencios. Cuando uno lee sus obras con detenimiento es como si no hubiera pasado nada, pero hay algo inquietante que modifica el estado de ánimo, como si toda su dramaturgia fuera silencio o como si la obra entera estuviese construída sobre él.

Para los muy interesados en el tema, al margen del laboratorio, dos entradas más sobre este autor con un contenido completamente delicioso. Recomiendo verlas con tranquilidad en cuanlquier momento. Valen la pena.

martes, 8 de mayo de 2012

jaque al ego (colectividad y pedagogía)

No entro a valorar si Teatrejo es mejor o peor. No interesa. Mi opinión es subjetiva. Tampoco me interesa mucho la objetividad. Se que es el grupo de teatro amateur más impresionante que conozco, por lo que significa que un colectivo colabore de esa forma, por cómo y cuánto trabajan. Eso se nota. Por eso una primera sesión tan celebrada y reconfortante. Al margen de lo artístico, son una enorme y compleja red de personas conectadas. Y eso es una forma de activismo creativo. Pequeñito y resistente en su inestabilidad. Pero no puedo dejar de pensar sobre una cosa, y si no la escribo se me va:

Contar con el Otro será algo así como una práctica purgante. Muchos de los temas que toca son meras excusas para llegar a otra parte:

La primera, el llamado teatro postdramático, (tenía que salir la maldita etiqueta, antes o después) una vía para cuestionar y trascender la fábula, la estructura narrativa convencional y las ideas de conflicto y personaje, y también para enfrentarnos a lo escénico entendido como un espacio abierto a lo multidisciplinar.

La segunda, el lenguaje contemporáneo, performativo, un poco para lo mismo, recorriendo otro camino para (re)unir el teatro y el aquí y ahora, el presente, y por tanto la realidad sociopolítica local y global: un modo de preguntarnos por una nueva estética del compromiso y un nuevo compromiso con la estética.
Y esa otra parte a la que vamos con estas dos excusas es la apuesta al cambio de la representación por presentación, causa y/o consecuencia de esas excusas.
- PERO GENTE, AQUÍ HAY UN PROBLEMA -

Teatrejo tiene un montón de espectáculos montados. Ahora mismo, perfeccionan las producciones de su cantera para los Premios Buero de Teatro Joven, tienen en cartel, entre otras, "Aquí no paga nadie", de Darío Fo o "Aspirina para dos", de Woddy Allen, y están trabajando en "El enfermo imaginario" de Molière y "Muerte en el barrio" de Alfonso Sastre para estrenos más o menos inminentes.

Siendo así, ¿quién necesita un laboratorio experimental para romper con la interpretación naturalista? ¿Quién necesita superar la técnica actoral basada en Stanislavsky? A un grupo como este y con tanto trabajo... ¿No le vendría mejor justo lo contrario, un curso para adquirir técnica y nuevos recursos para su interpretación? ¿No será que el más interesado en el laboratorio es quien va a impartirlo? Jaque al ego.

Si este laboratorio pretendía romper estructuras, tal vez sea mejor asumirlo del todo y dejar que sean las propias las primeras en volar por los aires. No se trata de llamar a la humildad, tan mezquina. Mejor llamemos a la honestidad y la modestia.

Tras la sesión de prueba, iniciada no sin riesgo, con una pequeña performance encontrada, el trabajo que queda por delante se aclara: se trata de ir a buscar a los teatrejeros al lugar donde están, respetar y conocer ese lugar y desde ahí acompañarlos hacia ese otro lenguaje, atravesando una técnica que podría estar más afianzada o conocerse mejor y que, en los casos en los que parece más sólida parece depender más de las tablas y del esfuerzo que de una conciencia férrea de método, lo que, por otro lado, no deja de ser interesante.

Teatrejo tiene por delante un reto tan comprometedor como el mío, y en eso nos acompañaremos mutuamente. Y yo también descubriré los sitios a los que ellos me lleven. Porque debemos dejar de ver dos partes donde solo hay una. Habrá que dejar de ver "grupo y orientador" donde sólo existe colectivo. Por eso no sería honesto abandonar la ruta que el laboratorio propone e impartir una técnica útil, pero perecedera con el tiempo. Porque el sitio al que vamos necesita reactualizarse constantemente. Bebe del día a día. Y si se quiere, es eterno, porque es efímero.

Ahora bien, en nombre de la pedagogía (y de las implicaciones políticas que todo esto conlleva) me pregunto por qué hemos confiado tanto tiempo en un modelo en el que el profesor se vincula al alumnado, en lugar de otro modelo donde simplemente un grupo de personas colabora, al margen de las jerarquías. Por qué hemos confiado y, sobre todo, cómo lo seguimos haciéndolo.

Lo que queramos ser, lo seremos entre todos. La individualidad ya es inevitable. Centrémonos en ser manada. Y desde el colectivo, saber qué otro podemos ser con y a través del otro.