Sin tiempo apenas para pensar antes de escribir, con esto todavía en el cuerpo, me paro un segundo a escribir lo que hemos hecho esta mañana en el marco del Leal.lav
Sonia Gómez, conocida y reconocida por "Experiencias con un desconocido" (más bien una serie de performances que una performance en sí) ha empezado a jugar con nosotros en la primera sesión de un curso que promete.
Como ha pasado históricamente en la divertida, compleja y a veces conflictiva relación entre arte y tecnología, cada vez que se produce un adelanto técnico, éste acaba irrumpiendo en piezas artísticas de todo tipo. La inclusión de la tecnología es connatural a la evolución del arte. Sin embargo, está claro que muchas veces la inclusión de tecnología ha llegado como un alud que inunda muchas propuestas, algunas que postulan una modernidad que, por no estar presente en el discurso, se busca que esté en los mecanismos de presentación. Pero, ¿es el medio el mensaje? No siempre.
Al margen de debates "intelectualoides", nos hemos puesto a trabajar con la cámara como quien trabaja con un amigo. Asumámoslo: llevamos todos un teléfono (y por tanto, un ordenador y una cámara) pegados al culo todo el día, o dentro del bolso, cerca del cuerpo. Llegará el día en el que nuestro cuerpo y la tecnología se fundan de manera armónica. Lo absurdo de la discusión sobre incluir o no tecnología al arte no tiene que ver con el tipo de obras que se realicen, ni con que éstas empobrezcan el arte. No tienen esa capacidad. El simple hecho de que la tecnología forme parte de la vida cotidiana ya ha modificado la estética antes de formar parte de obra alguna.
En este catastrófico vídeo, en el que me lo pasé muy bien, dos grabábamos nuestros cuerpos en movimiento mientras otro nos grababa grabándonos: El resultado, que aparte de pasarlo genial, las ideas se disparan al infinito, y que al ver los tres vídeos reproducidos a la vez uno no puede dejar de pensar en algunos nombres de los inicios del videoarte (me viene, antes que nadie Rybscynski).
Es un auténtico placer que pasen los días y convertirme por completo en alumno, después de una última sesión de Contar con el Otro llena de descubrimientos. Comprobar que uno no está muy desencaminado, y que esos conceptos que manejamos en el aula en nuestro laboratorio, que hemos llamado mímesis no analógica, rimas y ecos son aplicables y tienen tanto que ver. Integrar la visión de la cámara y su movimiento de manera orgánica y a veces casi antropométrica, como un animal vivo, dentro de escena.
Es el lugar hacia el que nuestro laboratorio hubiera evolucionado naturalmente. Pero no lo hará. Primero tenemos que descubrir otras formas en las que estamos inmersos, como arqueólogos de historias desconocidas, recabando información de los cuerpos de los demás y del comportamiento de ese cuerpo colectivo, del que somos células.
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