miércoles, 13 de junio de 2012

El cielo de los tristes

El domingo pasado algunos de nosotros fuimos al Teatro Victoria para ver "El Cielo de los Tristes", de la Cía. Los Corderos, dentro de la programación del festival Encuentros. Teatro físico puro y duro con una entrega admirable justo en eso, en la fisicalidad por parte de esta pareja. Una pieza cuidada con detalle y artesanal a más no poder, en el mejor sentido, donde absolutamente toda la parte técnica está realizada por los intérpretes en escena. Esto último resulta interesante, más allá de lo anecdótico, porque incita a concebir las acciones técnicas como escénicas. Claro, es simple sin darle más vueltas: los cacharros están en un espacio escénico, de modo que intervenir sobre ellos queda escenificado por la significación que público e intérpretes hacemos del propio espacio, con nuestra forma de mirarlo y ocuparlo.

Y por lo mismo, al revés, mucho de lo que se realiza en escena, muchas acciones escénicas se tecnifican. Este no es lugar para una crítica que tampoco aportaría gran cosa, pero sí para dejar una mínima reflexión sobre esto.

Uno de mis intereses personales (presente casi sin querer en Contar con el Otro) es cómo volver al texto, cómo reconciliarnos con él y con la acción, o si ese planteamiento no es una perversión en sí, pues hablar y comunicar son verbos y como tales deberían ser acciones (escénicas), con lo que no habría que reconciliarlos con acción alguna, ¿verdad?

En fin... volviendo al ejemplo de lo que vimos en el Victoria, y lo que nos sirve para plantearnos cositas interesantes... Lo teatral "escenifica" lo técnico, y esa conjunción "tecnifica" lo escénico. Reconozco que salí sorprendido al ver que los teatrejeros asistentes (y mucha más gente) salió gratamente sorprendida del teatro. Creí que "El Cielo de los Tristes" sería más difícil de digerir. Y tal vez fue a mí a quien le costó un poco más entrar. Me resultó extraño que una ejecución tan cuidada se le notaran las costuras, los nudos de los mimbres. Y me pregunto sobre el tópico de la falta de emoción que parece conllevar la tecnificación extrema.
Pedir más emoción me parece mezquino. No sé cómo alguien puede dar "más emoción". Pero es posible que haya una parte también técnica o tecnificable que toca lo emocional en el teatro, y creo que esa es la dramaturgia, entendida como germen o coherencia totalizadora.
Una globalidad discursiva de la que debe nacer tanto el texto, el concepto espacial, la temporalidad, la presencia, las imágenes...
En los tiempos que corren, se hace tan imprescindible apuntar a dar al corazón o al espíritu, como tenerlos en cuenta y cuidarlos.
Pero, ¿qué tenemos que decir?
Hace falta una nueva poética, pero ¡menudo reto! Porque en esa escritura la palabra y la imagen deben estar hermanadas y estar en un mismo nivel de significación. Acercarnos a eso y hacerlo con honestidad es lo que hay que enfrentar. Y se me ocurre que a lo mejor es sobre ese esfuerzo para dirigirnos ahí sobre lo que sería curioso, interesante y modificador hablar...


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